Pestañas

domingo, 2 de enero de 2011

CAMBIA TU MENTE PARA QUE ARREBATES EL REINO DE DIOS


CAMBIA TU MENTE PARA QUE ARREBATES EL REINO DE DIOS
Dios quiere una participación activa en nuestra transformación, Dios quiere nuestra voluntad participando en el desarrollo de una nueva manera de vivir, en el cambio de nuestros hábitos. Ciertamente, la otra parte, es el fortalecimiento que puede dar sobrenaturalmente el Espíritu Santo (Efesios 6:10-11), para que el hombre interior sea transformado y no simplemente sea remodelado, con una apariencia externa de cambio, pero no del corazón.  El evangelio de Jesucristo propone que la sangre de Cristo y su sacrificio tiene el poder de quitar la conciencia de pecado, cosa que no podía hacer los ritos ceremoniales del Antiguo Pacto.  Cristo ha establecido un Nuevo Pacto en su sangre.
En una reflexión anterior hablamos que nosotros podemos desarrollar la mente de Cristo a través de recibir la revelación dada por el Espíritu y que esta revelación nos llevará a comprender los misterios de Dios, a llegar a sentir y comprender el corazón de Dios Padre. 
Dios hizo lo más difícil: nos hizo nacer de nuevo como hijos suyos (juan 1:12-13), nos dio una nueva naturaleza (efesios 4:24, Col. 3:9), una naturaleza espiritual (Juan 3:3, 5-7) que puede comunicarse con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Dios Padre nos ha acercado a él y reconcilio por medio de su Hijo Cristo (2da. Co. 5:18-19); nos dio su Espíritu Santo( Efe. 1:14,  ), nos lavo de nuestros pecados en la sangre de su Hijo Jesucristo (1ra. Pedro 1:18-19); ha decidido que nadie nos arrebatará de su mano, ni de la mano de su hijo Jesucristo (Juan 10:25-30): Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en el nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.  Es decir, ni el diablo ni el mundo pueden arrebatar mi vida de la mano de Dios Padre, ni de la mano de Jesucristo.  El concepto de arrebatar significa quitar con violencia, con pasión con decisión, a la fuerza.  Nadie puede vencer ni al Padre o al Hijo.  Es decir yo debo asumir la confianza que el Padre está de mi lado, que Jesucristo es verdaderamente mi abogado ante el Padre, que no está para acusarme, sino para ayudarme a lograr una vida de santidad.
Ahora, Dios Padre nos ha comisionado a nosotros la tarea de usar los recursos que nos ha dado para que seamos transformados de día en día, para que nuestro hombre interior se renueve de día en día.  Podemos cometer el error de pensar que Dios vendrá un día con su Espíritu Sobre nosotros y que a partir de allí quedaremos totalmente libres de las pasiones y deseos, que no tendremos que batallar contra los deseos de la carne.  Él se encargo de su parte, darnos lo que no podíamos lograr: un perdón perpetuo y una nueva naturaleza, pero no me quitó la vieja naturaleza, sino que mi vida se convirtió en un campo de batalla, donde yo debo decidir si voy a obedecer o voy a desobedecer.  En mi cohabitan la nueva naturaleza y la vieja naturaleza, y el apóstol Pablo lo desarrolla en tres pasajes paralelos con tres iglesias: Romanos 7, efesios 4 y colosenses 3. Definitivamente Dios no quiere autómatas.  Dios nos creo con voluntad, y esta voluntad nos hace recordar el escenario del primer hombre, éste hombre no estaba obligado a pecar, tenía comunión con el Padre, tenía inteligencia superior, capacidad ilimitada de imaginación y plena capacidad de creatividad, había paz y total comunicación con Dios.  Tenía dominio sobre la naturaleza.  Eso sí, Dios puso el árbol del conocimiento del bien y del mal.  El hombre en su voluntad tenía capacidad de decidir qué hacer.
Dios si quiere que desarrollemos el carácter, no que recibamos una bendición mágica, porque aparte de las bendiciones que da el Espíritu Santo, necesitamos día a día desarrollar ese carácter.  También lo hizo, cuando metió al pueblo de Dios en Canaán, dejo pueblos enemigos, para que ellos aprendieran a vencerlos, aprendieran a obedecer a Dios y mostrar un modelo de vida diferente; una vida consagrada a hacer lo que agrada a Dios y ser capaz de discernir entre lo bueno y lo malo. Ser personas que deciden hacer lo bueno.  Nuevamente Dios muestra que significa ser un pueblo de Sacerdotes, un pueblo consagrado a la vida en santidad, una vida apartada voluntariamente para hacer la voluntad de Dios.  Por ello el Apóstol Pablo dice ya no vivo yo, más vive Cristo en mí, lo que vivo en mi ser, lo vivo en la fe del hijo de Dios (Gálatas 2:20).  Hay una negación voluntaria, no forzada, que honra a Dios.
De hecho, Jesucristo nos ha hecho libre, ya no somos esclavos del pecado, ya no tenemos que vivir adictos a alguna forma de vida que nos deprima, nos esclavice, nos arrastre fuera de nuestra voluntad.  Tal libertad es la que poseemos que el Apóstol Pablo dice que no usemos nuestra libertad para volver a hacer lo que no agrada a Dios, a hacer las obras de la Carnalidad (Gálatas 5:1).
El Apóstol Pablo reconoce que las personas que no han nacido de nuevo si están siendo dominadas por Satanás. Es difícil aceptarlo, pero ellos se creen libres y en verdad son los más miserable esclavos de Satanás.  Nosotros, dice el Apóstol Pablo, también fuimos dominados por Satanás, él operaba en nosotros y éramos por naturaleza hijos de ira, a pesar de estar metidos en una religión. Esto lo dice a la Iglesia de Éfeso capitulo 2 versos 1 al verso 3: Y El os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.  Nosotros en el pasado satisfacíamos nuestras pasiones o malos deseos y los deseos de nuestra mente y en realidad éramos esclavos de Satanás.  Pablo dice que cuando yo soy dominado por algo o alguien soy esclavo.  En Romanos 6:19 “porque así como presentaseis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad cada vez mayor, así presentad ahora vuestros miembros como esclavos a la justicia para la santidad”, dice que así como ayer servimos y nos hicimos esclavos del pecado, hoy decidamos hacernos esclavos de vivir en santidad. En lugar de ser guiados por Satanás, ser guiados por el Espíritu Santo.
Hay un actuar diario, todos los días que me levanto tengo una guerra que pelear y  tengo todas las armas, todos los recursos para vencer. Eso sí, yo soy el que los activa, no se activan automáticamente. Eso es lo que estamos demostrando por la Palabra, el buscar vivir en santidad, no es un recurso para buscar ganar meritos de mi salvación, sino que como fui elegido por Dios Padre antes de la  fundación para que pudiera hoy vivir en vida nueva, una vida santa y sin mancha como lo afirma Efesios 1:4.  Dios al lado de la nueva naturaleza ha dejado la vieja naturaleza, y según mi voluntad, yo alimentaré de nuevo a la vieja naturaleza y echaré por tierra el propósito del Padre celestial, o le obedeceré voluntariamente y utilizare cada una de las disciplinas espirituales que me ha dejado y alimentaré a la nueva naturaleza.
Piense esto, si Cristo siendo Dios utilizó las disciplinas espirituales, y prueba de ello es que comenzó su ministerio con un ayuno de cuarenta días. El fue concebido sin pecado, el vino a vivir sin nexo con el pecado, y los evangelistas lo describen como un hombre que para escoger a doce apóstoles paso la noche orando. Jesús se paraba muy temprano a orar (Marcos 1 :35), se retiraba a orar en la noche.  En el momento culminante de su ministerio antes de ser arrestado, por lo menos, paso una hora orando, fortaleciendo su hombre interior, su decisión de hacer la voluntad de su Padre y no la suya (Mateo 26: 36-41).
Dios nos ha dejado una ley espiritual: todo lo que el hombre sembraré eso también cosechará  (Gálatas 6:7).  No podemos burlarnos de Dios, temprano o más tarde el pecado nos alcanzará, y si los creyentes no nos arrepentimos, el Padre no tendrá más remedio que quitarnos la vida para que no seamos condenados con el mundo (1ra. Co. 11:30)  Esta ley es aplicable a lo espiritual, a lo mental a lo emocional, a lo físico. Si yo siembro pensamientos, deseos relacionados con la vieja naturaleza, yo cosecharé los hábitos de la carne: fornicación, impurezas sexuales, desenfrenos, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, ira, contienda, disensiones, partidismo, envidia, borracheras, y hasta orgías.  La sentencia del Apóstol Pablo es que los que practican (hábitos) tales obras no entrarán al Reino de los Cielos.  Es preferible que no te importe lo que diga el mundo de ti, si estas sinceramente viviendo en santidad; porque al final tu Juez no será el mundo, sino el mismo Cristo en su tribunal (2da. Co. 5:10)  El apóstol sentencia que nos dará según lo que hayamos hecho: sea bueno o sea malo.
Puedo sembrar para la nueva naturaleza, para el Espíritu y entonces cosecharé vida eterna, porque viviré en santidad y sin santidad nadie verá a Dios.  No se trata de vivir enfermo como los fariseos tratando ritualmente de vivir en santidad y no lograr cambiar lo más importante, el corazón.  Nosotros tenemos el recurso de haber recibido el Espíritu Santo, ellos no; nosotros hemos sido librados de la conciencia de pecado, ellos no, nosotros tenemos una nueva naturaleza espiritual, ellos no.  Si sembramos las disciplinas espirituales (oración, suplica, peticiones, silencio, meditación de la palabra, memorización, arrepentimiento, confesión, evangelización, practicar la misericordia, mostrar amor al prójimo, desarrollar un sano sentido del temor a Dios, honrar a Dios, saber que hemos sido apartados para él, tendremos la victoria sobre el pecado, sobre nuestros deseos, porque contamos con el Espíritu Santo para vivir para Dios.
Creo que estamos viendo el árbol y sus frutos y no sus raíces, las raíces son nuestros deseos y pensamientos.  Allí debemos trabajar para dejar que el Espíritu Santo nos fortalezca en nuestro hombre interior.  El apóstol Pablo claramente creía que los creyentes tenemos una parte activa en este proceso decidir, rendir, dedicar, consagrar, entregarse, buscar, clamar. Llamar, pedir, hacer.
En Efesios 4:23, Pablo dice que debo renovarme en el espíritu de mi mente, y en Romanos 12: 2 dice que debo transformarme, mediante la renovación de mi entendimiento.  Como hago esto, bueno el primer paso lo enseña el Apóstol en el verso anterior.  Se me manda a dar mi vida a Cristo como un sacrificio, consagrar mi vida como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.  Hay que decidirse a dedicar la vida a Dios.  En Efesios 4 el apóstol da una lista de cosas que debo hacer: 1.- dejar de decir mentiras y ahora hablar siempre con la verdad (v.25), 2.- no dejar que el enojo se prolongue en mi vida más allá de un momento breve en el día, porque sino estoy pecando (v.26), 2.- no darle lugar al diablo en mi vida.  Si mi corazón está lleno de enojo, de odio, de rabia, abro puertas a la acción de Satanás y a su influencia en mi vida nuevamente. 3.- Si era un flojo que no trabajaba, debo trabajar con mis manos para tener tanto para mis necesidades como para tener que compartir con el que padece necesidad.  La clave aquí es que yo no soy el que pasa necesidad, sino que debo valorar el trabajo manual: ser peluquero, hacer tortas, obrero, administrar una empresa, ser empleado de una compañía.  4.- dejar de decir palabras obscena, sino que mis palabras edifiquen a los creyentes.  Dejar la queja, amargura, gritería, calumnia e inclusive se me manda a no enojarme.  Si quiero andar en el Espíritu, llenando la nueva naturaleza dada por Dios, debo ser una persona positiva, llena de pensamientos positivos y palabras de alabanza hacia Dios, hacia los demás, y hacia mi mismo. (V. 29).- Por último, mi conducta no debe entristecer al  Espíritu Santo (V. 30).
Otra manera de sembrar para el Espíritu y cambiar mi manera de pensar es que en lugar de ocuparnos de las cosas de la tierra nos ocupemos de las cosas de arriba (Col. 3:1-2). El apóstol dice que dado que yo he resucitado con Cristo (otra manera de decir que tengo una nueva naturaleza, que he nacido de nuevo, que he recibido el Espíritu Santo en mi vida) entonces  debo ocupar mi mente en las cosas de arriba, pensar en las cosas de Dios.  ¿Medito a diario en la palabra de Dios, oro sin cesar, ayuno, estoy pendiente todos los días en evangelizar a alguna persona y conducirla a recibir a Jesucristo, estoy interesado y pendiente de asistir a mi culto, a mi célula, a mi reunión de oración semanal?  ¿Es una prioridad en mi vida el Reino de Dios? O por el contrario, ¿tengo flojera de orar, ya no sé que es leer la biblia, diezmo que es eso, prefiero irme al trabajo que a la iglesia, prefiero una película encendida que ver un programa cristiano?  ¿Para cual reino estoy trabajando?
Buscar las cosas de arriba significa trabajar con el corazón por el Reino de Jesucristo en la tierra.  Significa que debo reconocer que tengo una guerra contra el mundo sobrenatural maligno y que yo soy un soldado de Jesucristo (2da. Timoteo 2: 3).  Somos el Ejercito de Dios en la tierra y nuestro tiempo, habilidades naturales, dones sobrenaturales, nuestra pasión entrega para destruir las fortalezas de Satanás y conquistar personas para el Reino de Dios es como estamos poniendo la mirada en las cosas de arriba.
Vean ustedes como comenzó enlace: fue el sueño de un hombre, de crear una televisora cristiana que llegara al mundo, que condujera a las personas que la vieran a Cristo o los movilizara a ser mejor creyentes.  Ellos comenzaron voluntariamente, sin recursos económico, sin recursos humanos o técnicos.  El soñador reunió a personas que le pudieran ayudar a lograr el objetivo, les planteo la visión, su sueño y no descanso hasta lograr ese sueño.  La verdad es que su hijo es quien esta viendo capitalizado ese sueño de una señal de televisión cristiana que llegue a todo el mundo.
Ocupar la mente en las cosas de arriba, es dejarnos llenar nuestras mentes y corazones con los sueños que Dios quiere incubar en nosotros para que los desarrollemos.  Es necesario ya no pensar solamente en nosotros, sino pensar en que quiere Cristo que yo haga, y una vez descubierto poner todo mi corazón en ello hasta lograrlo.  En Lagunetica se necesita guerrear contra las fuerzas del Infierno para derribar sus fortalezas, hay que hacer oración dedicada, hay que hacer guerra espiritual, caminatas de oraciones, cadenas de oración.  Se necesita de tu presencia y tiempo para conquistar este territorio para Cristo y despojarlo para Dios. Dios quiere que seamos discípulos enteramente unidos en una misma visión: alcanzar a los Teques para Cristo y debemos empezar por la Lagunetica, completamente obedientes, semejantes a Cristo.
Para acelerar la venida de Cristo debemos acelerar la predicación del evangelio en todo el mundo. Jesús dijo: y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones y entonces vendrá el fin (Mateo 24:14).  Hay sembrar en el reino de los cielos con nuestro tiempo y nuestro dinero, nuestra pasión para ser protagonistas de la conquista que está haciendo Cristo.  Unete a ese ejercito de hombres y mujeres que estamos enfrentando al ejercito de Satanás y estamos logrando la victoria.  En el camino tu puedes haber tropezado, pero el mensaje de Dios es que te levantes te arrepientas de tus pecados, recibas la misericordia de Dios, te apartes del pecado y hagas un compromiso de ser radicalmente diferente, comprometido a vivir esa vida nueva en Cristo para que otros al ver nuestras buenas obras y la gracia de Dios con nosotros quieran recibir lo mismo que tu.
Ahora es el tiempo de conquistar, luego será el tiempo de gobernar con Cristo las naciones, ahora trabajamos en la construcción de ese Reino maravilloso que el Padre planifico que en las manos de Cristo sería construido a través de nosotros.  Tenemos la responsabilidad de lograr los propósitos de Dios en la tierra.
El apóstol Pablo en Colosenses 3:16 dice que la palabra de Cristo habite en nosotros.  Tenemos que saturarnos de la Palabra y del Espíritu Santo.  El texto dice abundantemente.  La otra cosa que nos manda hacer, es que nos enseñemos y nos amonestemos unos a otros.  Mi lenguaje debe ser dirigido a Edificar a otros, estar pendiente de poder dar una palabra que ayude a otros.  Mi lengua debe estar llena de alabanzas y acciones de gracias  a Dios, entonar himnos, canticos espirituales.  Estamos en una guerra y no podemos utilizar el lenguaje de Satanás: la queja, las palabras de doble sentido, las bromas groseras.  Hay que utilizar el lenguaje del Reino: acción de gracia.
Jesucristo dijo que el reino de los cielos es de los valientes y que sólo los valientes lo arrebatan.  Cuando una persona se convierte es arrebatada del Reino de las tinieblas, del reino de Satanás. Ahora ha sido trasladada al reino de Cristo y es hecha hija o hijo de Dios con una nueva investidura real, con un oficio sacerdotal frente a Dios.  Pues nosotros no somos de los que retrocedemos sino de lo que avanzamos en la conquista del Reino de Dios en la tierra. Somos creyentes en Cristo porque Satanás no pudo arrebatar la palabra de nuestros corazones y esa semilla, que es la palabra de Dios tuvo un fruto maravilloso: nuestra conversión.
Por último, Romanos 12 versiculo 2 en versión popular dice cambiando tu manera de pensar, cambiará tu manera de vivir.  Te invito a que dejes entrar en tu corazón a Cristo Jesús y descubras que él es misericordioso con todo el que se arrepiente de sus pecados y recibe a Cristo en su corazón y pueda nacer de nuevo.  recibe el Don del Espíritu Santo, nace de nuevo, recibe la nueva naturaleza que te puede dar, te hace hijo de Dios.  Y si eres un creyente alejado de la gracia de Dios, su misericordia es infinita y Dios te sigue esperando con los brazos abiertos como el Padre con el hijo prodigo, dispuesto a perdonar tus iniquidades y darte una nueva oportunidad.
Pastor Pablo Eliseo Ortega

martes, 16 de noviembre de 2010

Camino al éxito

Hay personas, instituciones, empresas que afirman que son personas o empresas de éxito. Ahora ¿qué es el éxito?  para muchos es acumular riquezas, para otros es un estado de bienestar, para otros es lograr tener una familia.  Para ti ¿qué es el éxito? ¿Te sientes una persona éxitosa? ¿percibes que estás logrando tus metas? ¿Tienes el reconocimiento de los demás? ¿Has superado record en tu empresa y te sientes satisfecho? ¿has alcanzado cierta fama en tu mundo de influencia?

Lo cierto es que Jesucristo dijo: De que le sirve a un hombre ganar al mundo y perder su alma.  Es decir, que frente a la sociedad en que vives pudieras ser la persona más exitosa y frente a Jesucristo ser el mayor fracaso. Todo va  a depender entonces de los criterios que utilicemos para evaluar y decidir si una persona ha sido exitosa o no.  Jesucristo nos pone en el dilema de autoevaluarnos, y pensar: ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿hacia donde voy? ¿Qué pretendo alcanzar? ¿será que después de esta vida sí existe una eternidad? ¿puedo yo alcanzar tener una vida abundante aquí y una eternidad con Dios?

Sí es posible.  Los criterios de evaluación de Dios son más importentes que los criterios de evaluación de la sociedad. Estas a tiempo de corregir tu camino, volverte a Cristo, a la Palabra de Dios y encontar tu verdadero destino que Dios tiene preparado para tí.

El éxito es pues hacer todo lo que Dios ha diseñado para tí, obedecer al Señor Jesucristo y encontrar en la Palabra de Dios, junto a la Oración y la dirección del Espíritu Santo el camino al éxito.  Sí, al llegar el final de tus días podrás decir: he corrido la carrera que Dios me tenía preparada, he dado todo de mi para lograr las cosas buenas que ha puesto en mi corazón, le he sido fiel a él y cuando me resbale y caí tuve humildad de aceptar mis faltas y la voluntad de recibir su ayuda misericordiosa para levantarme y seguir por el camino estrecho que ha preparado para mí. Es tan importante lo que vivo en el camino como para donde voy a parar.  No sea que te encuentres un camino muy feliz y un final infernal sin posibilidad de cambiarlo para siempre.  Recibe a Jesucristo hoy, has esta oración: Dios me arrepiento de mis pecados, acepto a tu hijo Jesucristo como mi único salvador, le permito a partir de hoy que Jesús dirija mi vida por medio de la Palabra de Dios y me comprometo a convertirme en un discípulo obediente.  Gracias por todas las bendiciones que tienes preparadas para mí en esta nueva vida se que a tu lado alcanzaré el verdadero éxito y felicidad de mi vida. Amén

Lic. Pablo Ortega
Pastor de la Iglesia Pueblo de Dios
Los Teques. Edo. Miranda. Venezuela
04265196947
02122271227